miércoles, 4 de abril de 2018

Enfrente
tengo vecinos nuevos.
Pasaron el fin de semana
trayendo cosas.
A través de sus ventas y sus balcones
abiertos
se asomaba su esperanza
a mi calle
como una suicida.
Hoy
el piso
hace la digestión
de tantas emociones
solo.
Nadie corrió las cortinas
pero cerraron
al menos
las ventanas.
Sostengo en una mano
una taza de café,
en la derecha
una tostada que parece
la patena de las mártires.
Una cascada de migas
cae sobre mi alfombra.
Estoy mordiendo y pienso.
Que mañaneos más guapos
se podrían vivir en esa casa
con esta luz...
Mastico,
noto la mantequilla entre la mermelada.
Claro que,
me digo,
me perdería los de mi salón.