miércoles, 30 de enero de 2008

La BSO de Oslo

¿Sabeis de ese capítulo de Padre de Familia en el que Peter Griffin desearía tener su propia banda sonora?
Pues algo asi he hecho hoy con Oslo. Como no sé si le iba a gustar porque no nos entendemos bien, pues lo he hecho. Que se hubiera quejado si no le ha gustado...

- Poigh! (caga)

un poco más adelante

- Pssssssss.

un poco más adelante intenta dejarle un mensajito a otro perro, pero se ha acabado la tinta.

-Cua cua cua cuaaahhooo!!

A punto de emprender su huída.

-Tan tan tan tan taaan...tarán!
-Tantan taran tan taaan!!!

Oslo se ha ido

Limpia la basura


En la vida, uno tiene que saber distinguir entre dos tipos de persona. Como distinguirlas ya es cosa de cada uno.

Los hay que distinguen entre los que luchan por alcanzar sus metas o los que no y son vagos. Los hay que separan al que va con las cosas por delante del que va con las cosas por detrás. Los hay que van un paso más allá y son capaces de distinguir entre quienes saben distinguir entre dos tipos de personas y los que no.

Yo hago dos grupos.
Los que tienen el cubo de la basura debajo del fregadero y los que tienen el cubo de la basura en otro lado que no es el fegadero.

domingo, 27 de enero de 2008

Pargo

Y me apetece llorar, porque las cosas me van bien.
Y me apetece ir a un montón de sitios que solo su recuerdo me vuelve el estómago del revés.
Aquel piso, y reirme.
Aquella avenida y aquel mar y desternillarme (o destornillarme, o desatornillarme, destronarme, destrozarme, desarmarme)
Y amarte como sin querer.
Quererte sin darme cuenta.
Por encima de ese piso tan gracioso
y esa avenida irrisoria.

Sé que lo leerás, gracias por este día. Gracias de verdad. Mauri, Alex, Chema...no sabeis lo que habeis hecho por mi.

sábado, 26 de enero de 2008

María y Asun


Tengo recuerdos, todo el mundo los tiene. Lo dificil (o a veces lo malo y fácil) es acordarse de ellos. Hoy he sacado a Oslo y en medio del rutinario paseo la campana de la iglesia ha dado las ocho. No las ha dado bien, por mi reloj va un poco adelantado pero es lo de menos. He recordado que antes, hace ya bastantes años (asi como doce) la campana solo se tocaba en ocasiones muy especiales antes de que la iglesia fuese restaurada. Yo la tocaba, como buen monaguillo, y me turnaba con Jesús, mi compañero de altar. La soga se descolgaba desde el badajo de hierro y nos abrasaba las manos heladas por el frío. Tocábamos 20 él y 20 yo.
El ruido que esa condenada "Asunción" hacía se nos metía en el oído como un yunque golpeado por una gato rabioso. Sonaba bastante mal.
Hoy las horas las da una máquina que el señor cura tiene en la sacristía. Es una máquina negra y fea, sin sotana ni cíngulo. Se encarga de golpear a "María" mediante un martillo programado y no con un badajo. Y es que alguien debió pensar que golpear a "MAría" y a "Asun" con un badajo de hierro podía guardar demasiadas similitudes con un golpeo onfaloscópico.
Sea como sea, María canta mejor que Asun.
Los domingos, en misa, tañen las dos a la vez. O mejor dicho, las tañe esa máquina negra fea. Y deja oir a los Batrenses (o batreños, batracios, gigantomaquias o como nos queramos llamar los de Batres) como un gato rabioso es golpeado contra un yunque y un martillo contra un órgano hamond.

viernes, 25 de enero de 2008

Oslo no cabe en la nevera


Suena, de un recopilatorio cualquiera, producto de alguna tarde de aburrimiento dominical, una canción de Georges Brassens. Me aburro. Oslo duerme hecho una pelota entre dos mantas en uno de sus sofás.

-¡Vámonos Oslo!

Y como si hubiera estado esperando esas palabras disimulando su expectación se levanta como un rayo.

Abro la puerta de la terraza y salimos.

Yo bajo las escaleras primero. A él le dan un poco de miedo.

Baja dos escalones. Se termina la canción de Georges y comienza una de Pink Martini.

Oslo se da la vuelta y me abandona.

-¿Qué pasa? ¿Tanto te gusta esta canción?

Me doy un paseo por el jardín. Llaman al timbre.

Esta mañana he ido a coger la leche para el café y la nevera tiritaba de frío. Creo que dentro de poco estará inservible, asi que he emepzado a ahcer ensayos de posibles segundos usos. Pero no funciona, los libros son más grandes que las hueveras y que los botes de mayonesa. Además, mi frigorífico se llena de Hámsters en cuanto me descuido

martes, 22 de enero de 2008

Habla la Lecorbusierana


Lo que en la foto está pintado es mi gorra, un cd del Sonar 2002 con Maradona en la portada que me he comprado por 3 euros y mi libreta. Es mi Lecourbusierana. Una libreta donde apunto todo lo que se me cruza por la cabeza. Extraigo cosas cuando la releeo (¿o releo?).

¿Acaso el cielo le ha dicho al hombre "Me pica"? Entonces ¿Por qué tanto Empire State, tanto Chrisler [krisler], tanto Torreuropa, tanto Abar, tantas Petronas...?. ¡Sólo le estais haciendo cosquillas!¡Me lo vais a matar de risa!

"
En los billares no se hace el amor, no se fornica, no se copula. No se juega -y mucho menos al billar-. En el billar se folla perdiendo las formas."

" ¿qué son las pecas si no una movilización de lunares manifestándose por una mejora de sus condiciones de trabajo en otras partes del cuerpo?
Lo mejor de todo es que ni la piel tiene anditidisturbios para disolver concentraciones, ni contenedores de vidrio o papel para que los manifestantes se hagan escuchar (o hagan señales de humo para comunicarse con otras pecas descontentas).
¿es entonces el cielo una cara salpicada de pecas comandadas por un lunar lo suficientemente grande como para tener nombre propio? Para nada, en cuanto una revolución tiene un lider, ésta muere.
Las estrellas son estrallas, la luna no es (un) lunar, un lunar no es una estrella, un lunar es un lunar y una peca es graciosa. Varias, graciosísimas."

"Homo Reus! Homo Reus!
¡Tarragona! ¡Tarragona!
¡El hombre! ¡El Hombre! ¡El Hombre!"

domingo, 20 de enero de 2008

Pajarracos

Necesito ver los pájaros,
tener envidia de sus abrigos de colores.
Escucharlos cantar y, con su canto,
recordarte.
Perseguirlos con la mirada
detrás de mis gafas de sol.
Procurar no espantarlos
y no hacer ruido al andar.
Necesito besarte los pasos,
envidiar tus ojos de colores.
Tardes de Domingo

Suena "Gloomy Sunday" de Billie Holliday.

Todos odiamos las tardes de domingo. Todos, sin excepción. Hasta los curas lo odian porque piensan que al día siguiente es lunes y tienen que volver a trabajar.

Yo odio los domingos, aunque de algún modo u otro la gente que me rodea me los endulce de alguna forma. Pero los odio. Como tú.
¿Ves? No somos tan diferentes como dices que somos.

Bueno, pues bienvenido al blog del tipo de la gorra roja. Bienvenido especialmente si vienes del país de las vacas verdes o si vienes buscando lo que no sabes que vas a encontrar. 

viernes, 18 de enero de 2008

El Jardín de Invierno



Al llegar a casa he abierto las persianas y corrido las cortinas para que entrara la luz en mi salón. Después he salido a la terraza y le he echado un vistazo por encima al jardín. Tiene una languidez bonita. Todo está como a media luz y el castillo al fondo se difumina en la tarde de invierno sin frío.
Me he liado el tercer cigarro de mi vida, torpemente, y me he dado un paseo por el jardín, con las manos en los bolsillos de mi abrigo largo y el cigarro entre los labios al más puro estilo Bogart. He mirado a los árboles con la mirada de Casablanca y la higuera me ha mirado con sus cien ojos verticales y siempre abiertos.
Todo está oscurecido, el frío ha dejado la tierra prácticamente marrón plastidecor y todavía queda alguna escarola despistada de las que sembramos en verano. La hiedra duerme, no crece, le da igual. El suelo cruje y las que antes daban sombra, han caído de su posición y alfombran medio muertas y medio podridas pequeños rincones de mi jardín.
Oigo a Leonard Cohen que se escapa por la rendija que he dejado entre las puertas correderas de la terraza. Cierro los ojos. Los vuelvo a abrir, nada a cambiado. Le doy una última calada al cigarro y Cohen termina una canción para empezar otra.
No me lío otro cigarro, no lo acabaría.
Termino, acabo, subo las escalerillas. Miro el castillo y me cuesta destinguirlo de entre las nubes y el sffumato. Y sin tener mucho que hacer entro a casa dejando las correderas abiertas. Para que la luz no termine nunca de entrar en el salón.