domingo, 30 de marzo de 2008

Entre signos de Admiración


Un catedrático es un señor que da cases en la universidad y puede combinar sin miedo una mochila de hombreras de estilo de portivo con un traje, una corbata roja sobre una camisa azul y aun abrigo largo. Sin ser indispensable que todo esto le quede bien aunque sin duda así será.
Eso es un catedrático.

Más exactamente es mi Catedrático de Latín y Cultura clásica, al que le tengo un respeto y una admiración enormes y cuya visión de esta pintoresca, cuanto menos, manera me sacó una sonrisa hace ya algún tiempo subido en un autobús.
Le amo señor Lisi.
(aprobaremos en Septiembre, [muacsk], ¡por estas!)

miércoles, 26 de marzo de 2008

Al vent

Me he encontrado esto escrito en una barra de ballet.

"No. Diguem no, jo dic no, nosaltres no som d´eixe món"

Ha sido una alegría.

Una amiga mía catalana, y bailarina también por cierto, una vez me dijo que para no saber catalán cogía muy bien las conversaciones.


No te lo negaré.
Sería estúpido.
Pero echo de menos
tu forma de decirme
hola
por la mañanas.
Había que ser
valiente
para negarse
a hacerte
sonreir.
Y ahora,
es más facil
verte el pelo
que verte
la cara.
Siempre con prisas y llegando tarde a muchos sitios a la vez.

jueves, 20 de marzo de 2008

Ingeniero Superior

¡oh! ¡He arreglado un portaminas!
¡Aun puedo arreglar las cosas!

lunes, 17 de marzo de 2008

Enfrente de mi casa

Los niños se reinventaron.
A ellos mismos y a su especie.
Aparcaron la videoconsola,
se quedaron en manga corta
y se pusieron manos a la obra.
En una mañana -con algunas ramas
menos- hicieron de un almendro
un chiste del problema
de la vivienda.
Una mañana.
Una cabaña.
Se reinventa el verano
a las puertas de la primavera.

miércoles, 12 de marzo de 2008

¡que alguien les ayude!


No quedan cajones vivos
en las habitaciones de los hoteles.
Todos han muerto de aburrimiento
esperando que alguien guardara
algo en su interior.
Haciéndoles sentir útiles

domingo, 9 de marzo de 2008

...en el que yo sea la protaginista

Me han pedido un cuento.

No miento porque no se me da bien y se me nota a la legua. Por ello prefiero decir la verdad. Si, anoche pensé en ella y en aquel cantautor con su guitarra. No un pensamiento lascivo, ni bucólico. Es simplemente como quien recuerda la imagen mental de un cuadro o una escultura o una calle recién pintada. Es dulce recordar ese momento. Encontrarme un pie debajo de la mesa y darme cuenta de que la presencia del mío no le molesta en absoluto. Ese pie empieza a marcar el ritmo de una nueva canció y descaradamente roza el mío. Por el rabillo del ojo atisbo que los de la dueña de la zapatilla sin cordones me miran; pero me da miedo mirar y me conformo con que me siga marcando los compases. Termina la cancion, aplaudimos, nuestras miradas se cruza y me da pie a pensar que no está haciéndolo con el fin que tengo en mente. Comienza otra canción y la guitarra nos emebelesa de nuevo. Estoy a la espera de sentir de nuevo su pie por debajo de la mesa y al no notarlo decido buscarlo.
Al mínimo roce, la zapatilla suspira de alivio de haberme encontrado y trata de enseñarme a bailar un vals para perdedores. Termina por conseguirlo, le sigo torpemente el compás vienés. Noto que me mira, me clava su mirada en mi perfil y la oigo chillar con los ojos muy abiertos y pequeños que la mire. Pero no soy valiente. Callo. Calla la guitarra. Aplaudimos y nos miramos.
De seis cuerdas nace un tango y no pierdo el tiempo y busco sus pies bajo la mesa y el Manhattan sobre ella. Falta un bandoleón, pero la canción es triste. Mira al escenario, la miro sin cortarme y sabiéndose observada vuelve la cabeza y me encuentra. Nos sonreímos. Vuelvo a coger el Manhattan y sigo los golpes con la cabeza cerrando los ojos. Canto muy bajito:
"Y mientras lee la ultima carta
revuelve con la cuchara
restos de dulce de leche
y una lágrima infeliz..."
Me ha firmado en el tobillo y con la mano tapándole media boca. La luz del escenario hace que le tintineen los ojos. Se termina el concierto y nos levantamos como si no hubiera pasado nada, o intentando que no lo parezca. En un coche me dieron uno de los besos más bonitos de ma vie.

jueves, 6 de marzo de 2008

Confesión

Confieso, como Neruda, que vivo, que vivo enamorado.
Que este estado de atontamiento
me agota los símiles, las metáforas.
Las ganas de escribir las invierto en sexo.
Confieso, como Neruda, que vivo una vida
y no siete como vivía antes.
El capital que gastaba en tinta
lo invierto en sexo.
Invierto en sexo, y obtengo
dividendos muy jugosos.
Pero no se lo digo a nadie,
me lo callo,
esta mina es mía.
¡Qué veta de amor,
cariño, confianza,
complicidad, abrazos,
comidas los domingos,
palabras que necesito escuchar,
besos, ternura, alegría!...
¡qué veta tan grande!

Fue a conciencia pura...nada más que por salvarte...me arrincono pa llorarte
Carlos Gardel - Confesión

domingo, 2 de marzo de 2008

do povo

Tengo un fado (desde antes de irme a Lisboa) clavado en alguna parte (de mi ser consciente o inconsciente). Mi ordenador el otro día decidió que era hora de escucharlo de nuevo.
Y siempre podemos cerrar los ojos, pero nunca los oídos.

Me evadió a esa calle, a ese sol que ni la bañaba ni la pintaba ni nada de ningún color, de ninguna atmósfera. Una calle con un sol que le quedaba bien. Recuerdo esperar.