viernes, 28 de noviembre de 2008

Le dispararon en el pecho y el disco duro que llevaba en el bolsillo detuvo la bala. El que disparó se dio a la fuga mientras él se sacaba despacio los trocitos del bolsillo interior de la chaqueta. Despacio, llorando.
Se arrodilló y entre sollozos gritó a los viandantes que se acercaban a interesarse por su estado:

-¿Por qué?-gritaba- ¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué a mi? -se repetía-. ¡Tardé dos semanas! ¡Estuve dos semanas buscando la discografía de Los Toreros Muertos!

E inútilmente trataba de recomponer sobre el asfalto helado la forma de su disco duro.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Lejos es muy lejos para mi

No sé como me las apaño
pero por más que me esfuerzo
en tratar de evitarlo,
siempre estoy lejos de algún sitio.
Sin embargo, pocas,
muy pocas,
veces me he sentido cerca de algo.
La ausencia, mi ausencia
me duele en los sitios
y me duele, más que gustar,
mi presencia en otros.
Mi presencia no repara.
Tu ausencia se ha roto.
Y es irreparable.

martes, 25 de noviembre de 2008

el que inventara el transportador de ángulos fue capaz de desarrollar una máquina terriblemente sencilla que servía y sirve para dibujar algo tan jodidamente complicado como un ángulo. Sin embargo, no fue capaz de inventar un coche, que sigue siendo una máquina complicadísima, para transportar personas, que son las máquinas más sencillas del mundo

domingo, 23 de noviembre de 2008

Como Sara titularía: Enésimo protpoema de automartirio y autoconciencia de que no estoy a tu altura en ningún aspecto.

Tu me inventaste.
Me pusiste un nombre romano como el tuyo,
me diste una historia, un puñado de grupos
que a ti también te gustaban.
Me metiste en una esquina de Madrid
para que fuera tu favorita,
en tu habitación,
en un rincón de la antigua Unión Soviética.
Me esculpiste, me besaste un 21 de mayo
en un 2 de mayo.
Me imaginaste en tu ciudad.
Me dibujaste después de abrir la puerta.
No puedo seguir .
La reproducción aleatoria es tan maravillosa que, aun a riesgo de perder el hecho de hacer honor a su nombre, me permite decirle que canciones o grupos no pueden sonar.
Se quedan a fuera muchos (Vetusta, LOL, Tulsa, Iván Ferreiro, Luis Ramiro, Marwan...) pero todavía, aun así, saca cosas buenas.

jueves, 20 de noviembre de 2008

He logrado soñar en italiano
afuera los perros ladrán.
Entro y exploto.
Quiero que todo explote.
En dos milésimas de microsegundos
sopeso si me sale rentable
tirar la tele por la ventana y ver si hace como una sandía
-pero 250 euros de fianza son demasiados-.
He logrado soñar en italiano
He logrado beber tu copa de ron negrita
entre otras piernas.
Y no me sabía a nada.

Al buzón solo llegan malas noticias.
Banco, formularios, propaganda.
Burocracia.

Creo que ahora empieza lo más duro,
lo anterior ha sido al dente.
Pero con tomate y lambrusco todo entra bien.
Y con tiramisú,
profiteroles,
tartas de galletas y chocolate fundente,
chocolate,
tabaco.
Todo pasa.
Pero queremos que pase lo mejor posible.

Tu qui mi hai presso il cuore -alguien canta-
Perugia y mi vida aqui son preciosas
pero no te llegan a la altura ni del primer
botón.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Esta mañana he matado a un hombre. No lo conocía y él a mi tampoco. No sé como se llamaba, no sé nada de su historia. Era un completo desconocido. Ni él ni yo sabemos por qué lo he hecho. Simplemente lo he matado. Se ha cruzado conmigo en una escalera cerca del centro y le he quitado la vida. Da igual como, da igual con qué. Es mucho más importante el hecho de haberle matado.
No me había hecho nada.
Después de hacerlo me he sentido bien. Me he sentido un ser humano más allá de lo que puede sentir quien está libre de pecado. Matar me ha hecho empezar a vivir. Llevo 13 horas viviendo. A cada acto, a cada paso, cada vez que respiro siento que soy humana, que estoy viva como sólo los asesinos pueden estarlo. Volvería hacerlo solo por experimentar de nuevo esa sensación, sacar de mi lo más animal, demostrarme a mi misma que soy un animal. Todo el mundo debería hacerlo, todo el mundo debería asesinar al menos una vez en la vida al primero que se encuentra y no quedarse en el tópico de “soy un animal racional”. Si eres capaz de encontrarle una razón lógica verdadera a la muerte, hazlo. Yo no he encontrado la verdad en la afirmación anterior hasta que no he matado. Maten, pero no al que más se odia, al que más se quiere o al que le ha pisado sin querer en el metro. Sino a aquel que desprende inocencia como un cordero. Aquel que se parezca al hijo de Abraham. Después de hacerlo se sentirán como yo, verán la vida desde otra perspectiva, con unos nuevos ojos. Da igual como lo maten, el caso es quitarle.
Quizá la ley me atrape, pues dicen que de ella no escapa nadie, quizá la diké se lo diga a los dioses, y me dará igual. Pues él estará muerto y yo habré alcanzado otra escala de vida. Estoy por encima de todos ustedes, sépanlo. ¿Quién me dice que en el futuro está declaración no será estudiada en las facultades de Psicología, de Derecho, de Filosofía? Ya me da igual que lo sea, estoy viviendo por encima de todo eso, esté donde esté, esté como esté.
En la primera edición del periódico ha salido la noticia “Otra muerte violenta más en nuestra ciudad”. Otra, no importa cuantas vayan, el caso es que es otra más. Esta, la mía, ya no tiene número, o no quieren que tenga número. Dará igual si ustedes matan también y ejercen su derecho a hacerlo, será otra más. Sin embargo le han puesto nombres y apellidos al muerto, como harán a la suya sin duda si lo hacen; a los lectores del diario no les debería importar el nombre. Les debería importar el orden que lleva en la cadena de asesinatos. Tampoco debería importarles el motivo, “La policía sospecha que se debió a un ajuste de cuentas”, si, puede ser, debía ajustarme las cuentas yo conmigo misma, saber qué estoy haciendo aquí. Yo que siempre creía ser la mujer de la que hablaba Virginia Wolf de repente me he convertido en el asesino sobre el que escribió Albert Camus en “El Extranjero”. Con ciertas diferencias, de acuerdo, el de Camus tenía una razón para matar aunque fuera lejana; pero díganme si Camus sentía vivo a su personaje estando como estaba. No lo hizo. Pero yo se lo cuento a ustedes. Maten, vivirán.
-No me digas que ya lo sabías.
-Ya lo sabía.
Combatiendo el insomnio de Sara

martes, 18 de noviembre de 2008

Mi madre no podría vivir conmigo en este piso.
Siempre dejo todos los cajones y los armarios abiertos.


En Perugia hay escaleras para todo,
las hay que incluso bajan mientras las subes
y las subes mientras bajas.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Yo tenía un libro.
O a caso lo tuve.
Lo abría sobretodo por las noches.
Algunas veces tenía versos
que brillaban y me hacían prescindir
de lámparas.
Me tiritaba la lengua al leerlos,
dos o tres veces su belleza estuvo a dos encabalgamientos
de hacerme llorar.
Aquellas noches solo se oían
dos respiraciones que muchas veces
-por magia que no alcanzo a entender-
se acompasaban como matemáticas.
Era un libro especial.
Tan especial que a veces me encontraba
páginas en blanco
y me tocaba escribir.
Escribía cuentos con finales felices
-Niño encuentra a Madre en supermercado,
chica encuentra chico en supermercado,
chico encuentra condones en supermercado,
fruta gratis, manta gratis, sonrisas gratis-
Al terminar de escribir me encontraba empapado en sudor,
recuperando el aliento en una botella azul de agua
después de haber perdido los dedos en una melena.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Radio reloj. 7 de la mañana.

Desconoce el ser humano si Perugia duerme,
como los bebés, las palomas u otras ciudades.
Los peruginos que pueden, alejan cinco minutos
el levantarse para echar un polvo con legañas
a sus respectivos o respectivas.
Los que no, se masturban pensando en su ciudad.
Yo hace diez minutos le he escupido desde un mirador.
-ella me había escupido antes-

viernes, 14 de noviembre de 2008

Tu.
Hoy eres mi unica palabra
mañana también lo serás
y puede que pasado también
y al día siguiente
Y al otro, y al otro.
Y al otro ya no podré aguantarlo
tendré que llamarla, me dará un tiro en el oido
-quizá con fortuna traspase el tímpano-
cuando me diga que está bien.
Tu.
Que ayer no sabía tu nombre
y le pongo tu cara y tus apellidos
a fotos en las que puede que no salgas.
Y ahora tengo un rostro en mente,
tengo algo que no me puede ver el médico en la boca del estómago,
música reggae, unas doc Martens,
cada vez menos ganas de saber de ella
-por un tiempo, cuatro cinco siglos pequeñitos-
y cada vez más ganas de mirarte cara a cara
para buscarnos las 7 diferencias.
Me siento como el niño de primaria
que en el recreo
un niño más mayor
le quita la pelota que le trajeron los reyes
-o los dioses, o el destino, o un grupo de música-
Y se lo dice a su madre, se lo dice a sus amigos,
se lo dice a la profe, se lo dice hasta al panadero,
al conductor de autobus, a una azafata de ryanair
y nadie
nadie
nadie
nadie
puede hacer absolutamente nada.



Me revienta qeu este jodido blogger no me deje encuadrarlo como yo quiero!
Ahora solo quiero que me de igual todo.
Quien eres, donde vives, cual es tu color favorito.
Quiero que me de igual.
Quiero que me importe un carajo
de dónde vienes, que estudias,
a qué hora sales del trabajo.
Ahora solo quiero que me de igual
con quien compartas piso,
a cuánto este la hora en el parkímetro,
a cuánto esté el parque más cercano
y cuánto cuestan los helados en su quiosco.
Me gustaría que no me importara
que tuvieras gato en casa,
que detestaras el ballet y el jazz.
Me gustaría también que me diera lo mismo
que no leyeras, que no escucharas radio 3 (tres).
Quiero que me de igual que lleves bolsos
que cuesten mi sueldo de dos meses,
tu opinión sobre la política antiterrorista,
que no sepas nada de la vida,
que seas una inmadura.
Quisiera que me diera igual todo.
Pero nada ahora me puede dar igual.
Me da igual todo
porque
estoy
roto.
Me
he
ro
to
en cachitos.
Tan pequeños que se han vuelto despreciables.
Tan despreciables que dan igual.
Tan igual
que ya
da
lo mismo

jueves, 13 de noviembre de 2008

Llueve. Y la lluvia se parte los dientes contra los escalones, se estampa contra los cristales -inspira a Cortázar-, se la bebe la arena del parque y no deja a los niños jugar a la comba. Y no llueve suerte y Galeano sigue llevando razón todavía. Ni en lloviznita llueve la suerte.
Y el día me obliga a abrir un paraguas, y lo abro. Y es un incordio porque tengo que cerrarlo para entrar en los sitios, y todo lo mojo. Y es que los paraguas no sirven para que no nos mojemos. Sirven para empapar de lluvia el suelo de los bares, las universidades, los edificios del estado. Y en muestra de su agradecimiento, los suelos empiezan a resbalar -una señora se cae, se enfada con el dueño, el ujier, el empleado; se le ha caído también el paraguas y éste descarga más agua a una baldosa marrón, junto al hueso de una aceituna, sus cuadernos, sus formularios cuidadosamente rellenados a mano en mayúscula imitación Arial-.
Y mientras la lluvia se parte los dientes contra la calle, por su culpa, alguien se parte los suyos contra algún suelo mojado en algún bar, alguna universidad, edificio del Estado.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Primera persona del Singular del Pasado Imperfecto del Verbo Elegir: Elegía

Por fin.
Despues de
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado
sábado
4 días
con las ganas,
he vomitado.
Flujos.
Exceso de bilis negra
hipocrática y campestre.
Exceso de Melankjolé,
extracto de hulla,
diclorhidrato de besos,
patriciamina y
Codeanamol.
-Amén de Kilómetros-
Vómitos producidos igualmente
por carencia de
presencia en el lugar indicado
y teletransportadores de materia.
Aceleraron la incubación la
ausencia de afeitado
y un nuevo inquilino.
Espasmos predecesores
al vómito en frecuencias
de versos alejandrinos
sin ritmo y blancos.
Elegías contraproducentes
ni curaron ni empeoraron.
Solo el vómito me ha aliviado.
Vómito.
Fluido.
Todo fluye.
Pasa.
El tiempo es la primera dimensión.
Tú eres todas las demás.

domingo, 9 de noviembre de 2008

He cogido un tren
para llegar
más lejos
de lo que me había dejado el avión.
Quizá tu hayas hecho lo mismo.
En dirección contraria.
Quizá te hayas quedado donde estabas
y haya sido el mundo el que se ha movido
en torno a ti,
a tus pies,
a esos pies
que ahora
me gustaría beberme.
Tu no te mueves
definitivamente.
Es el mundo, al menos el mío,
el que se mueve por debajo de donde termina tu alma.
Tu alma.
La mía.
Tu alma.
Se-pa-ra-das después de
que no se haya podido distinguir
en todo el verano donde empezaba la tuya
y donde acababa la mía.
Tu alma, el alma mía.
La vendería si alguien me la comprara.
Compraría la tuya si me la vendieras
como la señora que todos los eneros
está en primera fila en las rebajas
de el corte inglés, corre, saluda a cámara,
y se va sin comprar nada.
Yo soy-sería ese. Pero algo más delgado,
sin gafas y saliendo de la tienda con 14
bolsas enormes y lacitos de plástico dorado.
14, porque tu alma es muy grande
"El alma tenías tan...
que yo nunca pude entrar en tu alma"*
Compraría también los zapatos
con los cordones más dificiles de desatar
para alargar el martirio de la dulce tortura
antes de bebérmelos....despacio
muy despacio.
despacísimo
Con tanta paz
como paz me llevaste o me trajiste.
Y a tu alma la acomodaría con la mía
en una ciudad imaginaria del norte.
Y a ti te acomodaría en mi pecho,
debajo de mi sombrero
(tú)
encima de mi salón
entre mi barbilla y mis manos.
-Mi tarjeta de crédito ha caducado,
los banqueros están en huelga-.
No tengo dinero
y me niego a pedírtelo de rodillas
-menos aun de puntillas-.
Si quieres te regalo una costilla
y te inventas al hombre perfecto
y caeis en el pecado original.
Y podrás estar tranquila, pues yo
no juzagaré tu alma. Y ni mil órdenes
de extradición dejarán que se la
de a Dios y él la juzgue.
No es buen juez.
Hizo mover el mundo bajo tus pies,
pero no movió el tuyo bajo los míos
y míranos ahora.
Tú en una punta,
yo en otra.
Tú alma en unas manos que no son las mías.
Y las mías buscando tu alma a ciegas.

Te cambio mi alma por tus zapatos.

*Pedro Salinas

viernes, 7 de noviembre de 2008

tercera persona singular pretérito indefinido verbo elegir: Elegía

Dalí nos hizo un guión.
"Una chica deja a un chico
con bufanda roja y botas
en medio del campo
rodeados por un rebaño".
Lo hiciste bien
Lo hice bien.
Quizá nos metimos demasiado
en los papeles de nuestros personajes
Yo sobretodo
que me brotaron las lágrimas
y eran muy de verdad
y después me fui lejos
-quizá para aparentar que no
te quería ver más,
o para impresionar a la crítica-
creyendo que eran exigencias
del guión de Salvador.
Pero eran exigencias de la necesidad,
el rodaje se había acabado
y nos había dado igual.
Era el final.
No era un punto, ni una simbiosis
entre un punto y un-a-parte.
.
fin
.
Y a los puntos no les habían
enseñado a distinguir la vida
de la ficción cinematográfica.

Ya se habrán secado las cagadas
que dejaron las ovejas en su partida
y que pisábamos de vuelta a
nosabíamosdonde.
Pero seguro que mis sábanas
-rodeadas de cielos y naranjas-
no se han enfriado y aunque
habrán perdido la fragancia con
la que las empapamos la última
noche, idiotas de ellas,
aun te esperan.
Tus sábanas las habrá calentado ya
o las calienta o las calentará
otra piel. Quizá algo más blanca,
sin duda más suave que la mía,
pero no más trémula, que la mía.
No se le erizará el vello de la nuca,
la búsqueda sus cosquillas será
demasiado fácil o demasiado infructuosa
y sin duda menos divertida.
-Hablo sin saber, pero tengo que hablar-
Te escribirá cosas, quizá te componga canciones,
pero no te recitará descalzo
en el bar de un pueblo sin semáforos.
Te hará el amor y no se le olvidará
quitarse los calcetines.
Las prisas no le harán liberar su pie
de uno solo de sus abrigos de algodón.
No, no creo. O no quiero creer,
ciertamente no sé diferenciarlo.
¿Quien va a tener miedo a pedirte
permiso para darte un masaje?
Yo. Pero miedo ahora para todo.
Para llamarte, preguntarte como estás,
discutir sobre sabores de helados
y sus diversas combinaciones.
Para ir a un bar y pedir un café
con leche condensada no vaya
a ser que alguien me diga
que se llama café bombón.
El que te haga fotos por detrás
mientras le vas a buscar no se
va a llamar como yo. Ni va ir
allí donde huele a reencuentros
y a cera De fechas sagradas.
Si te besa en casa de tus padres,
no lo hará a la altura de los ojos
de murallas antiquísimas.
Dalí podría haber metido
algo de mar en esta película.
Es lo que nos ha faltado.
Pero quizá de haberlo metido,
te habrías negado a escenificar
la última escena.
Yo acepté hacer la escena.
Pero porque no me quedaba otra.
He llamado a Dalí.
No me ha cogido el teléfono.
Lo mismo se ha muerto del disgusto.
Iba a haberle pedido
una segunda parte.
Una en la que nos encontráramos
en un naufragio, en un bosque,
plagado de jirafas que se tumban
para dormir y estudiar estadística.
Si no lo puede escribir él
podemos escribirlo los dos.
Yo solo no puedo, necesito tu ayuda.
Hasta entones, hasta que vuelvas,
te estaré esperando.
Voy a ver si elijo la sonrisa que
me pondré, el beso que te daré,
como te haré el amor y si llevaré
botas o bufanda roja.
Ahora pienso en hacer cosas nuevas
por no pensar en ello.
Pienso en aprender a cebar mate,
a beber mate, a ser adicto al mate.
Pienso en parecerme un poco más
a Cortázar o a sus personajes.
Esos personajes que desgajas de a poco,
como una mandarina, como si tuvieras
miedo de romperle las manos al libro.
Pienso. Me falta hacer.
Acción, Reacción, Repercusión.
Pienso. "Nunca terminarás esa mandarina".
Y al mismo tiempo me apetece
desde lejos ayudarte a que te la comas.
Comerme dos capítulos. Alguna larguísima
reflexion de Oliveira. Evitarte la muerte
de Rocamadour y que conozcas a Ovejero.
Me apetece escribir una égloga.
Cuatro o cinco mejor dicho.
Pero no me sale; ni si quiera
me sale el intentarlo.
Cuando mi trastornado reloj biológico
me dice que ya está bien
abro los ojos.
Mis neuronas emanan el primer pensamiento
no onírico:
"ella no está"
La conciencia emite el primer juicio de valor
y no hay fiscal que recurra:
"que duro".
Me hace la cafetera el primer café.
Retraso el masturbarme.
Trato de escribir un poema
y es inevitable.
Habla de ella.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Día ajetreado para la Nueva Lecorbusierana...

No tengo donde esconderme

***

Ahora todo lo que escribo termina en -abas, -aba, -ábamos, creo que lo llaman pasado. Pero no me acuerdo bien del apellido.

***

Nos encantaban las cosas imaginaria, invisibles. Todas las que empezaran por i.

***

Por muy mal que esté, no se me ocurre hacerme emo.
Prefiero seguir siendo un
proto
pseudo moderno
Quasi
Ahora que me he comprado unas doc Martens.

***

Intento por todos los medios no relajar mis...mis...¡mierda!. Los músculos de la cara que me hacen sonreir

***

Solo veo espirales, siempre tristes esoirales. Cosas que empiezan por z.

***

Mamá y sus recomendaciones de última hora:
"Ánimo cariño, ahora tírate a todo lo que tenga falda, pero levántala primero no vaya a ser que te lleves una sorpresa"
Gracias mamá, creo que sé distinguirlos antes de tener que recurrir a levantar faldas

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Qué segura debes de estar

Cuando he llegado
no la veía
Había una nota
de su invisibilidad
no la he abierto
la he guardado
ya la leeré.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Sé lo que vas a decir cuando las veas.

-¡Dios Julio!, ¡Joder!, pero, osea...¡cómo pueden estar tan jodidamente guapas!

Y me las pedirás.
Y te las cambiaré por versos.