miércoles, 30 de marzo de 2011

La dejaron sin pintar
y ella se pintó de blanco.
La corona vino después.

martes, 29 de marzo de 2011

De Marcelino Pan y vino
a los Ninis
pasando por Joselito.

lunes, 28 de marzo de 2011

Mucho tiempo después
una bici volvió a ser
el mejor regalo que me han hecho en la vida.
He ido a hacer la compra.
Sin semáforos
Y además he tenido que hacer uso del timbre
-ring, ring-
y todos me han mirado.

viernes, 25 de marzo de 2011

¡que se jodan los que saben que follamos!
No me da pena que sepan que nunca podrán hacerlo como nosotros.

miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Qué me está pasando?
Ayer declaraba la República Independiente de mi Casa
¡Y ya quiero tener reyes de ella!

lunes, 21 de marzo de 2011

Y como las botas
también lloran los cepillos de dientes.

martes, 15 de marzo de 2011

Y ahí estaba yo.
Despertándome contigo
y sin poder ver lo que estaba escribiendo en el teclado.

domingo, 13 de marzo de 2011

Verte dormir
me deja sin palabras.

sábado, 12 de marzo de 2011

Salí del trabajo. Me fumé un cigarro con los nuevos compañeros pensando en que tenía que volver a casa y aquello me cansaba. Terminé el cigarro, me despedí y me encaminé al metro. Cuando llegué al anden un luminoso anunciaba la inminente entrada en la estación de un tren. Pensé que vendría a reventar, sábado, diez menos algo.
No me equivocaba.
Me puse una gafas que no me hacían falta pero me hacían mejor persona. Abrí el libro para que aquello se esfumara y la gente pensara que me las ponía por necesidad. De todos modos seguía pareciendo mejor persona. Quizá la bufanda también colaboraba en la contrucción de esa imagen.
Tuve que hacer trasbordo, esta vez según entraba el tren se marchaba.
-Me cago en mi puta suerte-dije
La señora que caminaba delante de mi se dio la vuelta, vio a un tipo con gafas y siguió andando.
Un nuevo tren llegó, esperé sentado leyendo a Bukowski.
No fue dificil encontrar un sitio donde poner el culo. Ensayé una nueva postura, en el lado izquierdo del vagón, colocado en diagonal en dirección contraria a la marcha del tren, justo pegado a un saliente en donde dos vagones se juntan.
Seguí leyendo sin levantar la vista de las páginas.
Justo delante de mi un chico con una muñequera con la bandera de España miraba muy de cerca su reloj. Tenía unas gafas con unos cristales gordísimos y a pesar de ello parecía no ver un carajo aun teniendo el reloj a menos de un palmo de sus ojos, casi tocándolo con la punta de su nariz. Poco después, al pasar una página, noté que quizá tuviera algún retraso. No sé quien decidió llamar a ese tipo de personas asi. Aquel tipo llevaba las gafas por necesidad, el retrasado era yo que las llevaba por gusto.
Seguí leyendo. Chinaski estaba en San Luis.
En una parada el tren se llenó de gente y empezaba a ser incómodo. Tengo unas piernas largas y también tengo la manía de cruzarlas. Mis amigos siempre se sorprenden de que no me aplaste los huevos.
-¿Dónde coño los metes?
Las palabras no son suficientes para explicarselo y nunca han querido ver como lo hago sin pantalones.
Seguí leyendo. Chinaski estaba volviendo a Los Ángeles.
Sin levantar la vista atisbé dos enormes abrigos horrendos. Acompañados de una niña. Sabía que si levantaba la vista descubriría que eran señoras feas y gordas. Jugando conmigo, al pasar una página, decidí poner a prueba mi intuición.
No me equivocaba.
Dos señoras gordas y feas. El metro iba lleno y eso les obligaba a pegarse mucho a mi. Era desagradable, no sé muy bien por qué. La niña me pisó, pero no le dí importancia. ¿qué tendría? ¿9 años? En 9 años no se aprende en ir en metro. No levanté la mirada.
Sentía que una de las señoras, la más mayor, quería sentarse. Pero no tenía ninguna intención de ceder mi asiento. Había estado trabajando aguantando a pellejas pintadas hasta las cejas, pidiendo café como si fueran las reinas del mundo y hubiera que haberles rendido pleitesía. Directamente no me salía del culo. Estaba cansado.
La señora de mi izquierda no debía de estar muy cansada. Le cedió su asiento y la señora gorda y fea se sentó. Se dejó caer directamente sobre el asiento de plástico como diciendo "jódete cabrón de mierda, de mucha mierda". Me aprisionó, pudo reducir mi espacio como en 20 centímetros.
Con las piernas cruzadas, en diagonal, no tuve otra que cagarme en la puta. Esta vez, para mis adentros. Pero seguí leyendo.
La señora gorda y fea, con su amiga y la niña, se bajó en la siguiente parada. No recuerdo cual fue.
Poco a poco el vagón se fue vaciando.
La megafonía anunció mi parada. Guardé el libro y en el espacio de tiempo entre el anuncio y la llegada de facto a la estación vi al que estaba sentado delante de mi.
Me confirmé las sospechas.
Salí, me encendí un cigarro y llegue a casa.
Entre en el salón, dejé los trastos por donde pude.
Note que el suelo estaba pegagoso. Había fregado por la mañana. La culpa no podía ser del suelo, tenía que ser de mis botas. Me miré la suela por encima del hombro. Podía cruzar las piernas, pero no verme la suela por delante.
Ahí estaba el muy hijo de puta. Tenía un chicle en la suela de la bota.

jueves, 10 de marzo de 2011

En esta casa
la calefacción
empieza
a ser
prescindible.
Lo que me obliga
a pensarla
desnuda
asomada a la ventana
buscando aire
en las letras de abril(e).

martes, 8 de marzo de 2011

Naces cada dos por tres en el rabillo de mi ojo.
Asi que no digas que hoy es tu cumpleaños.
Estimado señor/señora.

Usted ha tomado ya una decisión; déjeme ahora mostrar mi disconformidad con ella. Soy un joven trabajador como el que más. No ha hecho nunca falta pedirme que diera la talla, pues siempre he pensado que los salarios los gana uno haciendo eso. He sido puntualísimo, he atendido a mi puesto de trabajo perfectamente arreglado y he atendido a los clientes con una sonrisa de oreja a oreja. Reconozco que mi carga horaria no era excesiva comparada con la del resto de mis compañeros, pero le aseguro que era la suficiente como para que, dado el caso, pudiera mandar al quinto infierno a cualquiera de esos clientes que pululan por los pasillos de sus centros comerciales creyendo que los señores y señoras que alli trabajamos somos máquinas y estamos ahí para satisfacer sus deseos.

Querido señor/señora, con su decisión no solo trastoca mis planes. Por fortuna tengo unos jefes lo suficientemente humanos, honrados y honestos como para trasladarme, buscar una solución y remover Roma con Santiago con tal de que uno de sus trabajadores no se quede en la calle. Unos jefes que ahora tienen que llevar una tienda que, si antes estaba escasa de personal, ahora lo va a estar más. Simplemente porque usted ha tomado la decisión de no dejarme trabajar más en sus centros. Una decisión que se rige por la lógica de un niño de cuatro años, pues se niega a dar una razón convincente para tal negativa. Pero por mucho que usted se niegue a dármela yo la sospecho. Y no la dice, porque es tan rematadamente infantil e insostenible que quedaría en el más bochornoso de los ridículos.

La suerte últimamente me sonríe bastante señor mío, y creo que no va a dejar de hacerlo nunca. Sólo espero conocer su nombre, para que el día de mañana, si tengo que ser yo el que contrate, me encuentre con un nieto o un hijo suyo y le pueda decir que su padre o abuelo no quiso que yo volviera a trabajar con ellos por una razón ridículísima. Pero también decirle que no se preocupe que, a pesar de todo, está contratado y empieza el lunes siguiente. Porque, por suerte para él, soy una persona de bien. Digna y honesta.

Nada más señor/señora, espero con ganas poder desdecirme de estas palabras que le escribo, sabiendo que nunca leerá, dada su reconsideración y enmienda de su error.

Un cordial saludo.

84205772