sábado, 25 de febrero de 2012

Echo de menos la sensación de montar en bici de paquete.
El miedo de confiar tu integridad
al sentido del equilibrio
de un amigo,
la física
hecha
riesgo
y el riesgo
encarnizado
en unas rodillas raspadas.
El rojo de la mercromina,
el ocre del betadine,
el azul de las piscinas.
La bandera de los veranos
que desembocan en la puerta de los colegios
o en la puerta de embarque de un aeropuerto.
Y entonces confías tu integridad
a los años de academia
de un piloto,
la física
hecha
promesa,
y la promesa,
esperanza
de ser cumplida.

domingo, 19 de febrero de 2012

938.

Han transcurrido dos meses y algo desde la última vez que publiqué nada aqui.
 
Silencio. Ese era el concepto. El silencio esta vez era el único testimonio válido. No utilizado en el sentido de que quien calla otorga, sino en el sentido de que hasta la ausencia de algo reafirma la existencia de lo ausente. Que no haya algo, no implica que ese algo no exista. Es un juego de esencia y existencia. Lo posible y lo realizable. "Dasein" que dijo Heidegger. Los unicornios tienen esencia, pero no tienen existencia. Pues esto es algo parecido.
-Me siento asquerosamente torpe, repetitivo de formas, bizco de pitón derecho. Será que ayer me afeité-
Hay veces que el silencio, sin quererlo, dice más que todas las palabras. Lo que implica que nunca dejemos de estar emitiendo mensajes, señales, estímulos que inevitablemente son interpretados. Y las interpretaciones pueden ser muy variadas, pero solo hay unas pocas realmente correctas. Se ha de saber que yo mismo dudo que haya sido un silencio voluntario. Creo que no lo ha sido.
Si escribir es escribirse, como firmemente creo, sostengo, opino y mantengo, (pues no hay nada que reclame para sí más fidelidad que las palabras) no he podido hacerlo mejor. Lo cual ni es un problema, ni un castigo. Pero quizá lo que haya sucedido es que se me haya acabado el papel. Y con esta estúpida metáfora quiero decir que yo mismo me he dado cuenta de que me estaba escribiendo. Y aunque en forma estuviera manteniendo el tipo, en contenido estaba resultando redundante. Lo cual, supongo, me terminó cansando.
Por eso no he publicado nada, porque esa era precisamente la forma de escribirme. De decir a todos los que leen esto, "yo soy este" y de decir a los que saben leer entre líneas "yo soy más que lo que puede parecer que soy". Pero estos últimos dos meses no he sabido quien era, o he estado al menos descubriéndome o replanteándome quien soy, qué o quien quiero ser y quien he sido. Podría decir que me ha pasado más veces y estaría mintiendo. Pero disfrutar de este proceso me ha hecho abrir el portátil, y ponerme a escribir esta parrafada que parece que no tiene ni pies ni cabeza. Y tal vez no las tenga. Puede parecer ilógico, paradójico. Lo sé, pero francamente querida me importa un bledo.
En resumidas cuentas, y ahorrándome el poema de turno. Estoy aclarándome, amueblándome.

Y estoy quedando precioso.


Una mañana te despiertas
y te enteras de que han encontrado
muerta
a Whitney Houston.
Pero el tío que compuso la canción
con la que se enamoraron tus padres
sigue vivo.
Y respiras con alivio.