martes, 21 de enero de 2014

Nunca pude tolerar el hecho de no entender un símbolo.
Desde pequeño.
Me aprendí la señales de memoria siendo un enano;
las entendía, 
de algún modo las descifraba. 
Mi padre se sorprendía porque había alguna 
que nunca me explicó, 
pero sin embargo conocía.
-imagino a un mocoso diciendo 
"peligro paso a nivel sin barreras"-
Mi tía mari no podía quitarme su libro de sociales de las manos.
Casi no sabía leer, pero conocía todas las banderas.
Luego veía en la tele los juego olímpicos de Barcelona
y sabía de que país era cada deportista.
Me daba igual el deporte,
yo lo veía por ver las banderas.
No salté de alegría cuando Fermín Cacho cruzó el primero la meta.
No lo recuerdo, pero seguro que no.
Lo mismo no estaba ni delante de la tele,
estaría en la piscina.
Después vinieron las letras,
mi guerra de trincheras con la caligrafía,
lo ilegible de mi testimonio,
la prescindibilidad de los renglones 
según se va uno haciendo mayor
-o según se quitaba la camiseta-
Creo que va siendo hora,
a medida que el dolor se desgasta
al mismo ritmo que la suela de mis botas,
de escribirle un libro.
Publicarlo,
hacerme rico entre polémica,
pagar a Inditex derechos de uso de su nombre,
que el mundo de la poesía
tome una bocanada de aire
creyéndome un mesías.
Ser un puto bestseller.
Un contrato que romper
con una editorial.
Críticas en twiter,
huevos por la calle,
charlas en institutos,
conferencias en la residencia de estudiantes
y terminar
por fin
de una puta vez
de darla por perdida
en una tertulia de telecinco.
(y encontrármela en la cola de firmas de Callao un 12 de agosto)
Llega colándose y no levanto la vista porque estoy liado actualizando instagram con una foto de la cola que llega hasta la planta de los videojuegos
-¿Para quién?
-Para mi
-¿Cómo te llamas?
-Soy la protagonista
-No, perdón, el protagonista soy yo.
-Bueno.
(escribiría)
"quien te quiera, que lo haga como la quisieron a ella"
-Muchísimas gracias, espero que te guste. Sígueme en twitter, hasta luego. Siguiente por favor.
Y tener que ir al baño ipso facto un segundo a meterme lasegundaraya de mi vida para poder pasar el trago de no haber tenido cojones después de habérmelos dejado en el aeropuerto de Gatwick.
-inspire-
-respire-
¿esto no iba sobre banderas?
¡ay si!
las que ya se habrán rendido a tus pies
y bla bla bla
pero ya no es plan de volver a empezar.



martes, 7 de enero de 2014

Feliz cumpleaños historia interminable

No sé si tres
o cuatro,
pero sé que no han pasado
dos años.
Es igual.
La luz es la misma,
la temperatura,
la estación,
la calle,
el semáforo,
Maracena llena de hojas;
y seguro esa luz cenicienta
que entraba en mi habitación
mientras se desnudaba
y yo
le quitaba las bragas
desenvolvía su pubis
como un niño desenvuelve
un coche de radiocontrol,
sabiendo lo que es
y con todo el miedo del mundo
a romperlo.

Todos los años
me las apaño para tener que bajar al metro
el primero de enero
con el alba despuntada.
Si no es para recogerla
no tiene gracia,
es feo.
Aunque vaya a buscar a 40 hongkoneses,
no tiene gracia.
Yo quería haber seguido de fiesta
hasta las mil.
Como aquella vez
hace 3 o 4 años
pero seguro que no dos.

San Fermín - Orcasur sigue oliendo igual.
Esa mezcla entre plástico, silicona
y vete tu a saber qué más.
No todas,
pero muchas veces
me acuerdo de la primera vez
que la recogí.
Las escalera mecánicas
la elevaron poco a poco
y ella amaneció por detrás de los tornos.
(Joder que bonita eras)
Era el sol
colándose en el metro.
Yo lo vi idiotas.
Yo he sido testigo.
Que no lo vierais
no implica que no exista.
Yo no he visto París con estos ojos
y sé que existe.
Del mismo modo que a ella no había visto
todavía,
pero sabía que
era
estaba
existía.
Y al final amaneció y la vi.
Creed, imbéciles,
como creéis que tarde o temprano
el semáforo se pondrá en verde.
Creed imbéciles,
porque creyendo se espera.
Y esperando se existe
y existe lo esperado.