lunes, 29 de junio de 2015

Paré en una gasolinera
porque me gusta lo justo
fumar conduciendo.
Tras apagar el cigarro
quise pasar al baño
y al llegar a él
encontré este cartel

LOS BAÑOS SON PARA USO EXCLUSIVO DE LOS CLIENTES DE LA GASOLINERA. SI NO ES USTED CLIENTE ABSTÉNGASE DE USARLOS.

Si me lo hubieran pedido por favor
no les habría regalado
la interpretación
que hicieron mis entrañas
de media bandeja de mejillones a la marinera
media de pulpo
media de zorza
una ensalada mixta
-de comida-
y algunos trozos
de pizza carbonara
y barbacoa
-de cena-

Tiré de la cadena
y salí de allí sin comprar nada.

Al incorporarme a la autopista
me di cuenta de que faltaba poco
para entrar en reserva.

sábado, 13 de junio de 2015

Los nombres de las calles
de los polígonos industriales
son ridículos.
Encuéntrenos en la calle vatio.
Visite nuestras instalaciones en la calle antracita.
Festivos cerrado. Calle cigüeñal.
Por no hablar de los nombres
de algunos.
Cobo Calleja.
Los Carboneros.
Los Nogales.
Cabezo Beaza.

La estética del capitalismo no pasa del azul de los billetes
mientras los políticos se piden las mejores plazas
Margaret Tatcher
Helmut Kohl
Sabino Arana
Y nosotros queremos que la plaza se llame como ese perro o ese niño.
Plaza de Luna.
Plaza de Mario.
Plaza de Garaje.
La plaza aquella donde el latero se tiró el pisto y nos dejó 6 latas por 3 y terminamos compartiéndolas con unas erasmus borrachas que luego no nos invitaron a su casa.
Esa plaza.

Cualquier cosa tiene un nombre.
Si no lo tienes tú
lo tiene otra lengua.
Schadenfreude
Torschlusspanik
Shlimazl
Toska
Iktsuarpok

Luego hay nombres más bonitos que otros
dependiendo de la experiencia.
Pero lo de los polígonos industriales
joder
eso no tiene nombre.

viernes, 5 de junio de 2015

Verona en silencio.

lunes, 1 de junio de 2015

Estoy volviendo a Madrid
A casi trescientos kilómetros por hora
A mi izquierda la provincia de Cuenca desfila con cierta prisa. A lo lejos, unos generadores eólicos, o unos molinos de viento son indicios de por dónde pasa la carretera. (los recuerdo, altos, grandes, miras un aspa, miras al coche de delante, vuelves a mirar el mismo aspa, miras el coche, otro aspa, retrovisor derecho, otro aspa y ya no sabes si es el mismo aspa o la misma aspa que miraste al principio. El aspa, la aspa. El agua, la agua.
Estoy volviendo de Valencia
A casi trescientos kilómetros por hora.
A mi izquierda la provincia de Cuenca desfila. Quizá los de la prisa seamos nosotros. Yo leo un libro de Chuck Palahniuk y disipo sospechas. A pesar del apellido, es Yankee. (Me cercioro en internet de esto último ahora que escribo, porque en la contraportada del libro no dice nada,  y google me muestra su rostro. Es joven. O al menos cuando le tomaron la fotografía ). La literatura para este momento de mi vida (oh cuánta trascendentalidad) ha de ser esta, claro. Antihéroes. Palahniuk, Houllebecq, Bukowski. Gente que no sabe para donde tirar, o que no sabe como se han metido en la que se han metido, o que traman la gran venganza, o que cansados, desesperanzados y abatidos, deciden dedicarse a escribir poemas porque es lo único que más o menos...bueno, digamos que les llena. No es que sean modelos de conducta. Pero necesito poder crear una mímesis entre sus situaciones y las mías, entre ellos y yo, para calmarme y escucharme diciéndome "esto le pasa a todo el puto mundo si también le está pasando a este pinzao"
Estoy en un AVE.
Yo estoy sentado, parado. Pero el tren va a 298 kilómetros por hora. Una azafata me ha ofrecido auriculares, pero aun guardo los del viaje de ida. En el canal 2 hay una programación especial por el aniversario de Blue Note. La primera vez aplaudí la ocurrencia; hoy me lo salto, casi me lo sé de memoria de las veces que lo he escuchado. En el 3 hay ópera. En el 1 se escucha el audio de las pantallas que dan un patético documental sobre cuánto cuesta la vida en México DF, Géneve, Abu Dabi y Barcelona. En el 4 hay música clásica. Reconozco algunas canciones mientras leo a Palahniuk. En algunos casos distingo el compositor, otras veces solo el título de la canción y en ocasiones lo único que puedo decir es que tengo esa canción en el disco duro de mi ordenador en algún recopilatorio de bandas sonoras de música clásica, o algo así.
Si se entornan un poco los ojos y se mira a la izquierda, Cuenca pasa veloz y se convierte en una especie de cuadro de Richter. Es algo que no merece la pena escribir en esta Moleskine que me he traído. Lo que merece la pena poner negro sobre blanco es decir que Géneve es Ginebra. Que el nombre en español es ya de por sí bastante bonito y que hay que ser un auténtico cretino para pensar "Oh, si lo ponemos en francés quedará mucho mejor y a los espectadores les encantará".
Bueno, quizá tampoco merezca la pena escribir eso.
Estoy volviendo a casa.